sábado, 20 de octubre de 2012

¡Qué cosas tienes, Señor!


¡Pero que cosas tan raras dices, Señor!

«El que quiera  ser grande entre vosotros que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros que sea vuestro esclavo»

Si intentamos ser fieles a esta Palabra, nos tratarán como tontos. Pensarán que somos unos infelices; que no tenemos capacidad para triunfar en el mundo; que nos faltan fuerzas e inteligencia para pasar y pisar por la vida como hacen quienes tienen algo importante que decir y algo sensato que aportar. 

La verdad, Señor, ¡qué cosas tan raras dices! Y que cosas tan raras haces. Tú, el poderoso, te muestras como pobre en la historia de los hombres. Tú, el sabio, vives entre los ignorantes del mundo. Tú, el Señor de la historia, en vez de tiranizar y oprimir como los jefes de los pueblos y los grandes del mundo, entregas tu vida generosamente para mostrar el verdadero camino del amor, el verdadero camino de un mundo nuevo.

Tu exigencia es rara y difícil, Señor. Es dura y no está de acuerdo con el sentido común. Es de locos. ¡Qué cosas enseñas y qué cosas haces!  Pero, a veces, la vida me sorprende y descubro que hay hombres y mujeres que han entendido tu manera de ver las cosas, que han entendido tu sabiduría.

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