Evangelio del día (Jueves, 2 de agosto)


EVANGELIO: Mateo 13, 47-53
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
- «El Reino de los Cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y a los malos los tiran.
Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.
- «¿Entendéis bien todo esto?».
Ellos le contestaron:
- «Sí».
Él les dijo:
- «Ya veis, un letrado que entiende del Reino de los Cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo».
Cuando Jesús acabó estas parábolas, partió de allí.

CLAVES para la VIDA
- Esta gran catequesis de Mateo (no olvidemos que organiza su evangelio en grandes temas o catequesis) vuelve a insistirnos en lo nuclear: el Reino de Dios y su acogida por parte de los hombres/mujeres, cuantos se encuentran con la Buena Noticia del Reino. Esto es lo vital. Por lo tanto, no se insiste en una especie de “Iglesia pura”: el mismo Jesús se relaciona con los pecadores, les dirige su palabra, les invita a la conversión. Bien y mal van a subsistir y coexistir; si bien, la oferta de Jesús es a vivir según el proyecto de Dios.
- Pero, el nuevo discípulo del Reino -aquel que ha escuchado la Palabra, ha entendido los misterios del Reino y ha acogido ese don inmenso y gratuito que se le ha ofrecido- es invitado a atesorar y a ofrecer, como testigo que es, ese don salvífico a los demás, de forma que todos puedan alcanzar la verdad plena que se nos ofrece con este don. No es posible guardarse y reservarse para uno mismo lo que ha recibido gratis. Para mí, para nosotros, la actitud más coherente es la de Jesús: lucha contra el mal en todas sus expresiones, pero sin excluir a nadie. Su estilo es diferente; es paciente y misericordioso, como el Dios que tantas veces nos han mostrado los mejores testigos. He ahí la actitud a vivir en mí y el estilo desde el que seguir ofertando el don del Reino a los demás. También a nuestro mundo desorientado, pero en el que está empeñado nuestro Dios. ¿Te animas...?

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