miércoles, 25 de abril de 2012

El placer de servir


Toda la providencia es un anhelo de servir.
Sirve la nube, sirve el viento, sirve el surco.
Donde hay un árbol que plantar, plántalo tú;
donde hay un error que enmendar, enmiéndalo tú;
donde hay un esfuerzo que todos esquiven, acéptalo tú;
sé el que apartó del camino la piedra,
el odio de los corazones y las dificultades del problema.
Hay la alegría de ser sano y la de ser justo,
pero hay sobre todo, la inmensa,
la hermosa alegría de servir.
Que triste sería el mundo si todo en él estuviera hecho;
si no hubiera un rosal que plantar,
una empresa que emprender.
No caigas en el error de que sólo se hacen méritos
con los grandes trabajos:
hay pequeños servicios;
arreglar una mesa, ordenar unos libros, peinar una niña.
Aquél el que critica, éste el que destruye; sé tú el que sirve.
El servir no es una faena de seres inferiores.
Dios, que es el fruto y la luz, sirve.
¡Pudiera llamarse: el que sirve!
Y tiene sus ojos en nuestras manos.
Y nos pregunta cada día:
¿Serviste hoy? ¿A quién? ¿Al árbol? ¿A tu hermano?
¿A tu madre?...

(Gabriela Mistral)

No hay comentarios:

Publicar un comentario