lunes, 23 de abril de 2018

Conversión de San Agustín (24 de abril)

Durante la Vigilia Pascual del año 387, en la noche del 24 al 25 de abril, Agustín fue bautizado por san Ambrosio, obispo de Milán. Hoy, los restos de san Agustín se veneran en la Basílica de San Pedro in Ciel d’Oro de Pavía, en Italia. El 22 de abril de 2007 visitó este lugar Benedicto XVI y, ante los fieles allí reunidos, se refirió a las tres grandes etapas o tres conversiones de Agustín.

La primera conversión fundamental fue el camino interior hacia el “sí” de la fe y del bautismo. Agustín fue siempre una persona inquieta. Quería encontrar la vida verdadera y no vivir a ciegas, sin sentido y sin meta. La gran lucha interior de sus años juveniles fue conocer a Dios, familiarizarse realmente con Jesucristo y llegar a decirle “sí” con todas las consecuencias.

La segunda conversión de Agustín hay que situarla después de haber recibido el bautismo. El año 391 fue a la ciudad de Hipona para encontrarse con un amigo, a quien quería conquistar para su monasterio. En la liturgia dominical que se celebraba en la catedral,Valerio –obispo de la ciudad– manifestó públicamente su intención de elegir a un sacerdote para que le ayudara en la predicación. Los asistentes se fijaron en Agustín y fue aclamado como candidato al sacerdocio. A partir de entonces, aceptó ser sacerdote como servicio a la Iglesia.

Hay una tercera etapa decisiva en el camino de conversión de san Agustín. Unos veinte años después de su ordenación sacerdotal, Agustín escribió un libro titulado Retractaciones, donde revisa de modo crítico las obras que había publicado y añade algunas enmiendas. Escribe: “Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden es la oración diaria de la Iglesia” (cf. Retractaciones I, 19, 1-3). Agustín había aprendido la humildad y la misericordia.

Las fuentes de información para las notas biográficas sobre los santos y beatos agustinianos son el libro La seducción de Dios (Pubblicazioni Agostiniane, Roma 2001), cuyo autor es el P. Fernando Rojo Martínez, OSA, y Santos y beatos de la familia agustiniana. Subsidio litúrgico para el Misal agustiniano, publicado por la Federación Agustiniana Española (FAE, Madrid 2008).

Conviértete, Dios conoce tu gran corazón


Carta de San Agustín


Queridos amigos:
Supongo que os sorprenderéis de esta carta después de tanto tiempo sin saber a penas quién soy y sin haberme decidido a hablar con vosotros antes.
Bueno me presentaré: soy Agustín, el de Hipona, ese que nació en Tagaste en el año 354 y que luego fue obispo y después santo,...pues ese soy yo.
Seguro que algo habréis oído hablar de mí, seguro que conocéis a alguno de los míos bien porque os dan clase, bien por la catequesis, el deporte, los grupos juveniles,...pero no sé si sabéis quién soy yo.
Os cuento (y perdonad el rollo), yo fui un chaval feliz, con amigos (siempre con amigos) que tenía un culo inquieto y me explico: no paraba un momento, estudié en Tagaste y Madaura ( en el Norte de África), estuve en Cartago, en Roma, en Milán,... fui pagano (como mi padre Patricio), luego miembro de una secta llamada de los maniqueos, luego caí en el escepticismo (agnóstico para aclararnos) hasta que por fin reposé mi corazón en Cristo y me bauticé cristiano.
Durante todo este tiempo tuve una novia, casi mi mujer con la que tuve un hijo, pero antes viví el ambiente de Cartago, que me fascinaba con sus noches de fiesta, sus teatros, su música, sus mujeres y su buen vino.
Fue una vida que creo que no es muy diferente de la que vosotros lleváis cuando salís el fin de semana. Una vida llena de juergas, borracheras, sexo y ruidos que aunque no me llenaban la vida, la hacían más llevadera.
Como os decía antes, siempre tuve ganas de buscar la Verdad y siempre partí de mis amigos...ellos me acompañaban en las juergas y en los estudios, ellos me apoyaban en mis depresiones y malos rollos y compartíamos juntos nuestras alegrías... (no sé qué hubiera sido de mi sin ellos!
Mi madre Mónica me daba mucho la "vara" con esto del cristianismo y yo pensaba que era cosa de mayores e ignorantes y ni siquiera me paraba a escuchar: (cómo una persona inteligente, con su vida programada y montada iba a creer o a comprometerse con esas tonterías!...pero un día pasó: entre el ruido y mis planes de futuro oí algo, no sé si fue una llamada o simplemente el hecho de pararme a pensar sobre mi vida, sobre lo que hacía.
Y bueno, llegó mi "conversión", descubrí otro camino, otra alternativa a la vida que llevaba hasta entonces. Aposté por ese camino, después de mucho pensar y os aseguro que me dio la felicidad.
Por esto os escribo, para contaros mi vida y para que sepáis que algunos de los míos irán a veros pronto y ellos os contarán cómo vinieron a mi, por qué son ahora de los míos, que dudas y problemas tienen, cómo es su vida, si son felices,...
No os quiero aburrir más, pero os pido un favor, cuando lleguen escuchadles, siempre merece la pena conocer algo distinto.
Un abrazo.
Agustín

Fuego de amor en tu interior


Llama a las ovejas una a una

En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que escala por otro lado, ése es un ladrón y un salteador;
pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas.
A éste le abre el portero, y las ovejas escuchan su voz; y a sus ovejas las llama una por una y las saca fuera. Jn 10, 1-3

Reflexión 
El Señor nos ayudará a decir cosas que sean verdaderas, en vez de decir cosas que sólo sean nuestras. Pues, si sólo dijésemos las nuestras, seríamos pastores que nos estaríamos apacentando a nosotros mismos, y no a las ovejas; en cambio, si lo que decimos es suyo, él es quien os apacienta, sea por medio de quien sea. 
Esto dice el Señor: «¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No son las ovejas lo que tienen que apacentar los pastores?» Es decir, que no tienen que apacentarse a sí mismos, sino a las ovejas. Ésta es la primera acusación dirigida contra estos pastores, la de que se apacientan a sí mismos en vez de apacentar a las ovejas. ¿Y quiénes son ésos que se apacientan a sí mismos? Los mismos de los que dice el Apóstol: Todos sin excepción buscan su interés, no el de Jesucristo.

San Agustín Sermón 46

Enciende mi interior, Señor

Enciende en mi interior, oh Dios,
el deseo de meditar tu Palabra;
Vete ilustrándome en su conocimiento
y haz que dedique a ello mi tiempo.
Así, no sólo soy útil para mi  mismo,
sino que ejercito la caridad fraterna.

Te ofrezco mi inteligencia y mi palabra;
Poda todo error y toda mentira de mis labios,
y haz que tus Escrituras
sean mis placeres preferidos.

Haz que no me engañe yo con ellas,
y que a nadie confunda yo con ellas.
Concédeme esto, Señor mío,
Tú que eres luz de los ciegos y
fortaleza de los desvalidos.

Dame tiempo para escrutar los secretos
que has ocultado como tesoros en tu Biblia
y rastrear en cada página el sentido de  tus mensajes.
Revélame el tesoro de sus significaciones,
porque tu voz es mi gozo.

Yo amo tu Palabra.
Dame lo que amo y derrama su significado
como lluvia sobre esta  hierba sedienta de mi alma.

Que bebiendo así de ti, Señor,
admire desde tu potencia creadora en el Génesis
hasta el último segundo de la historia,
puerta para tu Ciudad Eterna.

Te lo repito, Señor,
mi deseo es conocer tu Palabra;
lo demás me lo darás por añadidura.

(San Agustín. Cf. Conf. XI, 2)

Ama y haz lo que quieras

Ama y haz lo que quieras. 
Si callas, callarás con amor;
si gritas, gritarás con amor; 
si corriges, corregirás con amor;
si perdonas, perdonarás con amor.

Si tienes el amor arraigado en ti, 
ninguna otra cosa sino amor serán tus frutos. 

Dios no habla, pero todo habla de Dios


“Dios no habla, pero todo habla de Dios.”
Y, María, también nos dice algo de Dios. ¿Sólo algo?
 ¡No! ¡Nos dice mucho!
Su obediencia, su disponibilidad,
su actitud de escucha nos recuerda que DIOS
siempre va buscando a personas que sepan decir un “SI”
Depositemos ante la Virgen, en este tiempo primaveral,
la flor de la CONTEMPLACION
Que sepamos descubrir en todo lo que nos rodea
la mano de Dios, su voz, su ímpetu creador.
¿Lo intentarás?

Parálisis interior

Unos días después, Jesús volvió a Cafarnaúm y se difundió la noticia de que estaba en la casa. 
Se reunió tanta gente, que no había más lugar ni siquiera delante de la puerta, y él les anunciaba la Palabra.
Le trajeron entonces a un paralítico, llevándolo entre cuatro hombres.
Y como no podían acercarlo a él, a causa de la multitud, levantaron el techo sobre el lugar donde Jesús estaba, y haciendo un agujero descolgaron la camilla con el paralítico.
Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: "Hijo, tus pecados te son perdonados". Mc 2, 1-5

Reflexión 
En tal disposición interior se encontraba aquel paralítico al que, como sus portadores no podían introducirle ante la presencia del Señor, hicieron un agujero en el techo, y por allí lo descolgaron. Es decir, para conseguir lo mismo en lo espiritual, tienes que abrir efectivamente el techo y poner en la presencia del Señor el alma paralítica, privada de la movilidad de sus miembros y desprovista de cualquier obra buena, gravada además por sus pecados y languideciendo a causa del morbo de su concupiscencia. 
Si, efectivamente, se ha alterado el uso de todos sus miembros y hay una auténtica parálisis interior, si es que quieres llegar hasta el médico –quizás el médico se halla oculto, dentro de ti: este sentido verdadero se halla oculto en la Escritura–, tienes que abrir el techo y depositar en presencia del Señor al paralítico, dejando a la vista lo que está oculto.

San Agustín Sermón 46

Que sepamos escuchar tu voz

Señor:
Tú llegas a nuestro mundo
y nos invitas a abrir la puerta
de nuestro corazón
a todos los hombres.

Tú ya nos dijiste
que eres Tú quien viene
cuando alguien llama
a nuestra puerta.

Tu palabra es ésta:
“He aquí que estoy a la puerta y llamo.
Si alguno oye mi voz
y abre la puerta,
Yo entrará y cenaré con él
y él conmigo”.

Señor:
que sepamos escuchar tu voz,
esa voz que nos llega
por nuestros hermanos.
Que abramos la puerta
para acogerte a Ti,
y en Ti a todos los hombres.

Entra en ti mismo


Que siempre sea humano, Señor

Que siempre sea humano, Señor.
Que comprenda a los hombres y sus problemas.
Hombre soy, como ellos.
Hombres son, como yo.

A mí me toca hablarles. A ellos escuchar.
Yo hago llegar a sus oídos el sonido de mi voz.
Y, por mis palabras, trato de compartir con ellos
lo que yo mismo he comprendido.

Que lo haga lo mejor posible, Señor,
para que ellos lleguen también a comprenderlo en
su interior. ¿Cuál sería, si no la razón de mis palabras?

Óyeme, Señor. Recréame, pues me creaste.
Hazme transparente, pues me iluminaste.
Haz que mis oyentes, iluminados por ti,
escuchen tu Palabra por medio de mí.

(San Agustín. Sermón 120, 3)

Buscad siempre a Dios


Como Agustín (Video)

Pensamientos de San Agustín (Video)

Que te busque... que te ame


Señor, Dios mío, única esperanza mía,
haz que cansado nunca deje de buscarte,
sino que busque tu rostro siempre con ardor.

Dame la fuerza de buscar,
tú que te has dejado encontrar,
y me has dado la esperanza de encontrarte siempre nuevo.

Ante ti están mi fuerza y mi debilidad:
conserva aquélla, ésta sánala.
Ante ti están mi ciencia y mi ignorancia;
allí donde me has abierto, acógeme al cruzar el umbral;
allí donde me has cerrado, ábreme cuando llamo.

Haz que me acuerde de ti,
que te entienda, que te ame.
Amén

San Agustín

Confesiones de San Agustín (Película)

Jesús nos envía por el mundo