domingo, 26 de marzo de 2017

Por la Paz del mundo


Oraciones para Semana Santa

Hoy Dios te convoca
Oración de confianza
Descubrirte en todo
Jesús te pide todo
No llores si me amas
Partir el pan
Por la paz del mundo
Reconoce y perdona-te
Te entrego, Señor…
Todos somos peregrinos
Laudes Triduo
Laudes Semana Santa
Ejercicios Espirituales (.doc)
En mi desierto

Jesús no deja de sorprendernos


-Decididamente Jesús no deja de sorprendernos. Cuesta a veces entender algunos de sus gestos. Sobre todo cuando hoy estos gestos no quieren decir exactamente lo mismo. Parece un enigma. De hecho, para descubrir su sentido, basta decir que Jesús no obra sino por amor.
¡Y así no le falla nunca! Mírale, se pone de rodillas, Él, el Señor. Quiere hacerse pequeño y servir, hacer un gesto de acogida lleno de humildad. Te imaginas cómo al caminar, en tiempos de Jesús, en seguida se manchaban los pies de polvo y sudor. Se comprende, pues, cuánto se agradecía un poco de agua en los pies al llegar.
Era un gesto de limpieza, pero también de acogida y delicadeza. Mira de nuevo a Jesús nos muestra una forma concreta de ponerse al servicio de los hermanos. 

Te veo, Jesús, realizar 
gestos de ternura y de servicio.
Te contemplo y aprendo 
a servir a Dios 
y a servir a los hombres.

Te escucho, Jesús:
te vuelves al Padre, 
después bendices el pan y el vino 
y lo compartes con los hombres.

Te escucho y deseo 
convertirme yo también 
en pan y vino para  los demás.

Tengo hambre, Jesús, 
de conocerte mejor, 
de rezar mejor, 
de unirme más a ti.

Recursos para Jueves Santo

El lavatorio de pies
Ruega por sus discípulos
Siete Palabras
Esquema celebrativo Jueves Santo
Dinámica contemplativa Jueves Santo
El triunfo del Amor
Amar, morir, resucitar
Uno de vosotros me entregará
Recursos Jueves Santo para niños y jóvenes
Los amó hasta el extremo (Video)
La gente de Jueves Santo
La liturgia el Jueves Santo
¿Qué celebramos el Jueves Santo?
Video-Reflexión para Jueves Santo
Reflexión Jueves Santo
Cenar con los amigos
¿Qué es Getsemaní?
Oración ante el monumento
Jesús no deja de sorprendernos
Cuánto deseo cenar con vosotros
¿Lavarme tú a mi los pies?
Cada vez que coméis de este pan

Recursos para Pascua

Retiro de preparación para la Pascua
Para meditar y orar "Vasija nueva"
Cruz que libera
Las diez mejores razones
Pascua, vida nueva
Es el tiempo del Espíritu
Dispuestos a ser enviados
Esta es la noche
Es el tiempo del Espíritu
No tengáis miedo
Oración de Pascua
Ejercicios espirituales para Pascua

Recursos para Viernes Santo

Adoración de la Cruz (Video)
Tú Jesús, has dado la vida por mi (MP3) 
Via Crucis “Camino de la Cruz” (Video)
Via Crucis de la JMJ
Via Crucis – Lucas
Via Crucis para niños
Via Crucis virtual
Via Crucis “Marcha del Silencio”
Via Crucis (Power Point)
Vía Crucis con jóvenes
Vía Crucis Virtual
Via Crucis con la Virgen María
La Cruz, leño del dolor y árbol de la esperanza
Esquema celebrativo Viernes Santo
Prendimiento de Jesús
El juicio ante Pilatos
La muerte de Jesús (Ficha)
Su Cruz y mi cruz
Dentro de tus llagas, escóndeme
Acompañemos a Jesús en su Via Crucis
Estaciones del Via Crucis para colorear
La vida que duele
Sufrimiento
Pasión y muerte de Jesucristo
Oración ante la Cruz
Habla el silencio
Desde la Cruz Dios nos da lo más grande
Oración ante la Cruz
Jesús, camino hacia Dios
Con su sangre nos salva
Tiene sueño, frío, le han dado golpes

La vida es un camino (Oración)


La vida es un camino.
Desde que nacemos es preciso partir.
Hay que ir dejando atrás muchas cosas: infancia, familia, hogar, ...
salir del presente y orientarse hacia el futuro .. y caminar  ..

No podemos pararnos porque la vida sigue.
Lo importante es no dejar la propia ruta y no salirse del camino,
aunque a veces resulta difícil y cuesta arriba.
Pero no vamos solos.
Caminamos con los otros,
y Cristo también se hace compañero de camino.
Y el camino tiene una meta.

La vida tiene un sentido.
Al final del camino cenaremos juntos. Y se hará luz.
Entonces Percibiremos que el corazón ardía mientras hacíamos el camino.

Y nos vendrán las ganas de reemprender el camino,
de volver al encuentro de los que quedaron atrás.
Porque los otros también esperan que vayamos a decirles:
“Hemos visto al Señor".

Domingo de Ramos - Entre el triunfo y la pasión


Materiales para la Hora Santa

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Reflexión para el Domingo de Ramos

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Te vistes de humildad


En pollino, pequeño y renqueante,
irrumpes en la ciudad de la paz
pasas por delante de los muros que verán  impasibles
cómo se mata al Profeta entre los profetas
TE REVISTES DE HUMILDAD, SEÑOR
Preámbulo de victoria y, a la vez Señor,
aparente derrota o contradicción:
¿Es así como arrolla el Hijo de Dios?
¿Es así como vence el amor?
TE REVISTES DE HUMILDAD, SEÑOR
Y, con laureles en las manos,
los que somos menos humildes
cantamos, pregonamos y proclamamos:
¡Hosanna al Hijo de David!
¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!
¡Paz al mundo! ¡Paz! ¡Paz!
TE REVISTES DE HUMILDAD, SEÑOR
Y, en nosotros como en los que te aclamaban entonces,
se cumple todo lo que esperábamos de Ti.
Hoy, Señor, bien lo sabes
se mezcla en esta fiesta de la alegría
la vida, y la peregrinación hacia la muerte
el júbilo, y la cruz que se levanta invisible en el monte
nuestro deseo de seguirte
y la cobardía de los que huiremos en la tarde del Jueves
Déjanos acompañarte, Señor
Déjanos subir contigo a la ciudad santa
Déjanos servir como Tú lo haces
TE REVISTES DE HUMILDAD, SEÑOR
Y, por encima de la multitud de ramos y palmas,
se divisan las horas con más pasión y amor
por ningún hombre, jamás vividas.
Vamos contigo, Señor, hasta el final
Vamos contigo, Jesús, hasta el Calvario
Nos arrancarás de la muerte, con tu muerte
Con tu cruz, nos redimirás
Nos resucitarás, con tu resurrección
TE REVISTES DE HUMILDAD, SEÑOR
y….te decimos: ¡HOSANNA! ¡HOSANNA!

Recursos para el Triduo Pascual

Reflexiones para Semana Santa
Doce temas de reflexión para Semana Santa
Ejercicios Espirituales Semana Santa
Gestos de la Pasión

Ramos para...

Ramos pacíficos
para denunciar toda injusticia,
para combatir toda opresión,
para borrar toda frontera,
para superar cuanto divide a los hombres,
para propiciar el desarme...,
para ofrecer un perdón sin condiciones,
para cantar al hombre nuevo,
para acercar a los que están lejos,
para enseñar a compartir,
para enseñar a hablar en una misma lengua,
para aprender a rezar juntos,
para ser testigo del amor,
para perdonar todas las deudas y los intereses.
Señor, aquí me tienes,
haz de mi un instrumento de tu paz y de tu amor. Amén

El amor se enseña con el ejemplo


Muchas veces queremos enseñar el amor por medio de palabras. No nos damos cuenta que Jesús propone otro camino. Más díficil y comprometido, pero también más efectivo y cercano al sentir de Dios.
El amor se enseña a través del ejemplo. La vida pública de Jesús es una constante preocupación y actividad en bien de los demás. Jesús anuncia el Reino a través de gestos liberadores, haciendo presente el Reino en la vida de la gente de su tiempo, especialmente de los más sufridos, que son los preferidos de Dios.
Al acercarse el fin de su vida quiere enseñarles a sus discípulos que esto es lo más importante, lo que permite conocer a Dios, lo que lo anuncia y hace presente con fidelidad. El amor llevado a la vida práctica.

¿Seguimos el ejemplo de Jesús? 
¿Por qué nos cuesta? 
¿Dónde ponemos el acento en nuestro anuncio? 
¿Seguimos los pasos de Jesús?

Durante la cena les anuncia lo que pasará


Aunque Jesucristo ve que el conflicto que lo enfrenta con los poderosos de su tiempo tendrá graves consecuencias, sabe que está cumpliendo la voluntad de Dios Padre y de todas maneras decide celebrar con sus amigos la cena pascual.
Antes de empezar a cenar, Jesús lava los pies a sus discípulos, un gesto con el que les hace ver que hay que estar al servicio de los demás como lo está Él.
Durante la cena les anuncia lo que pasará: será traicionado por uno de ellos (Judas Iscariote), todos lo abandonarán e incluso Pedro negará ser su discípulo.
Para los cristianos de todos los tiempos, esta cena pascual de Jesús con sus discípulos -la Última Cena- es recordada sobre todo porque, en ella, Jesús:
-Confía a los discípulos el mandamiento nuevo, el mandamiento del amor.
-Les promete que, a pesar de todo, seguirá entre ellos a través de la Eucaristía.

viernes, 24 de marzo de 2017

Vivir el 4º domingo de Cuaresma, ciclo A

JUAN 9, 1-41
Al pasar vio Jesús un hombre ciego de nacimiento. Le preguntaron sus discípulos: - Maestro, ¿quién había pecado, él o sus padres, para que naciera ciego? Contestó Jesús: - Ni había pecado él ni tampoco sus padres, pero así se manifestarán en él las obras de Dios. Mientras es de día, nosotros tenemos que trabajar realizando las obras del que me envió. Se acerca la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras esté en el mundo, soy luz del mundo. Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, le untó su barro en los ojos y le dijo: - Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa «Enviado»). Fue, se lavó y volvió con vista. Los vecinos y los que antes solían verlo, porque era mendigo, preguntaban: - ¿No es éste el que estaba sentado y mendigaba? Unos decían: - El mismo. Otros, en cambio: - No, pero se le parece. Él afirmaba: - Soy yo. Le preguntaron entonces: - ¿Cómo se te han abierto los ojos? Contestó él: - Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo: «Ve a Siloé y lávate». Fui, entonces, y al lavarme empecé a ver. Le preguntaron: - ¿Dónde está él? Respondió: - No sé. Llevaron a los fariseos al que había sido ciego. El día en que Jesús hizo el barro y le abrió los ojos era día de precepto. Los fariseos, a su vez, le preguntaron también cómo había llegado a ver. Él les respondió: - Me puso barro en los ojos, me lavé y veo. Algunos de los fariseos comentaban: - Ese hombre no viene de parte de Dios, porque no guarda el precepto. Otros, en cambio, decían: - ¿Cómo puede un hombre, siendo pecador, realizar semejantes señales? Y estaban divididos. Le preguntaron otra vez al ciego: - A ti te ha abierto los ojos, ¿qué piensas tú de él? Él respondió: - Es un profeta. Los dirigentes judíos no creyeron que aquél había sido ciego y había llegado a ver hasta que no llamaron a los padres del que había conseguido la vista y les preguntaron: - ¿Es éste vuestro hijo, el que vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve? Respondieron sus padres. - Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego. Ahora bien, cómo es que ve ahora, no lo sabemos, y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, ya es mayor de edad; él dará razón de sí mismo. Sus padres respondieron así por miedo a los dirigentes judíos, porque los dirigentes tenían ya convenido que fuera excluido de la sinagoga quien lo reconociese por Mesías. Por eso dijeron sus padres: «Ya es mayor de edad, preguntadle a él». Llamaron entonces por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: - Reconócelo tú ante Dios. A nosotros nos consta que ese hombre es un pecador. Replicó entonces él: - Si es pecador o no, no lo sé; una cosa sé, que yo era ciego y ahora veo. Insistieron: - ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos? Les replicó: - Ya os lo he dicho y no me habéis hecho caso. ¿Para qué queréis oírlo otra vez? ¿Es que queréis haceros discípulos suyos también vosotros? Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron: - Discípulo de ése lo serás tú, nosotros somos discípulos de Moisés. 29 A nosotros nos consta que a Moisés le habló Dios; ése, en cambio, no sabemos de dónde procede.Les replicó el hombre: - Pues eso es lo raro, que vosotros no sepáis de dónde procede cuando me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino que al que lo respeta y realiza su designio a ése lo escucha. Jamás se ha oído decir que nadie haya abierto los ojos a uno que nació ciego; si éste no viniera de parte de Dios, no podría hacer nada. Le replicaron: - Empecatado naciste tú de arriba abajo, ¡y vas tú a darnos lecciones a nosotros! Y lo echaron fuera. Se enteró Jesús de que lo habían echado fuera, fue a buscarlo y le dijo: - ¿Das tu adhesión al Hijo del hombre? Contestó él: - Y ¿quién es, Señor, para dársela? Le contestó Jesús: - Ya lo has visto; el que habla contigo, ése es. Él declaró: - Te doy mi adhesión, Señor. Y se postró ante él. Añadió Jesús: - Yo he venido a abrir un proceso contra el orden este; así, los que no ven, verán, y los que ven, quedarán ciegos. Se enteraron de esto aquellos fariseos que habían estado con él, y le preguntaron: - ¿Es que también nosotros somos ciegos? Les contestó Jesús: - Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; pero como decís que veis, vuestro pecado persiste.

PARA EXCLUIDOS

Es ciego de nacimiento. Ni él ni sus padres tienen culpa alguna, pero su destino quedará marcado para siempre. La gente lo mira como un pecador castigado por Dios. Los discípulos de Jesús le preguntan si el pecado es del ciego o de sus padres.
Jesús lo mira de manera diferente. Desde que lo ha visto solo piensa en rescatarlo de aquella vida de mendigo, despreciado por todos como pecador. Él se siente llamado por Dios a defender, acoger y curar precisamente a los que viven excluidos y humillados.
Después de una curación trabajosa en la que también él ha tenido que colaborar con Jesús, el ciego descubre por vez primera la luz. El encuentro con Jesús ha cambiado su vida. Por fin podrá disfrutar de una vida digna, sin temor a avergonzarse ante nadie.
Se equivoca. Los dirigentes religiosos se sienten obligados a controlar la pureza de la religión. Ellos saben quién no es pecador y quién está en pecado. Ellos decidirán si puede ser aceptado en la comunidad religiosa. Por eso lo expulsan.
El mendigo curado confiesa abiertamente que ha sido Jesús quien se le ha acercado y le ha curado, pero los fariseos lo rechazan irritados: «Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador». El hombre insiste en defender a Jesús: es un profeta, viene de Dios. Los fariseos no lo pueden aguantar: «¿Es que también pretendes darnos lecciones a nosotros, tú que estás envuelto en pecado desde que naciste?».
El evangelista dice que, «cuando Jesús oyó que lo habían expulsado, fue a encontrarse con él». El diálogo es breve. Cuando Jesús le pregunta si cree en el Mesías, el expulsado dice: «¿Y quién es, Señor, para que pueda creer en él?». Jesús le responde conmovido: «No está lejos de ti. Ya lo has visto. Es el que está hablando contigo». El mendigo le dice: «Creo, Señor».
Así es Jesús. Él viene siempre al encuentro de aquellos que no son acogidos oficialmente por la religión. No abandona a quienes lo buscan y lo aman, aunque sean excluidos de las comunidades e instituciones religiosas. Los que no tienen sitio en nuestras iglesias tienen un lugar privilegiado en su corazón.
¿Quién llevará hoy este mensaje de Jesús hasta esos colectivos que, en cualquier momento, escuchan condenas públicas injustas de dirigentes religiosos ciegos; que se acercan a las celebraciones cristianas con temor a ser reconocidos; que no pueden comulgar con paz en nuestras eucaristías; que se ven obligados a vivir su fe en Jesús en el silencio de su corazón, casi de manera secreta y clandestina?
Amigos y amigas desconocidos, no lo olvidéis: cuando los cristianos os rechazamos, Jesús os está acogiendo.
José Antonio Pagola

viernes, 17 de marzo de 2017

Vivir el 3º domingo de Cuaresma, ciclo A

JUAN 4, 5-42
Llegó así a un pueblo de Samaría que se llamaba Sicar, cerca del terreno que dio Jacob a su hijo José; estaba allí el manantial de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se quedó, sin más, sentado en el manantial. Era alrededor de la hora sexta. Llegó una mujer de Samaría a sacar agua. Jesús le dijo: - Dame de beber. (Sus discípulos se habían marchado al pueblo a comprar provisiones). Le dice entonces la mujer samaritana: - ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana? (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos). Jesús le contestó: - Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú a él y te daría agua viva. Le dice la mujer: - Señor, si no tienes cubo y el pozo es hondo, ¿de dónde vas a sacar el agua viva? ¿Acaso eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo, del que bebió él, sus hijos y sus ganados? Le contestó Jesús: - Todo el que bebe agua de ésta volverá a tener sed; en cambio, el que haya bebido el agua que yo voy a darle, nunca más tendrá sed; no, el agua que yo voy a darle se le convertirá dentro en un manantial de agua que salta dando vida definitiva. Le dice la mujer: - Señor, dame agua de ésa; así no tendré más sed ni vendré aquí a sacarla. Él le dijo: - Ve a llamar a tu marido y vuelve aquí. La mujer le contestó: - No tengo marido. Le dijo Jesús: - Has dicho muy bien que no tienes marido; porque maridos has tenido cinco, y el que tienes ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad. La mujer le dijo: - Señor, veo que tú eres profeta. Nuestros padres celebraron el culto en este monte; en cambio, vosotros decís que el lugar donde hay que celebrarlo está en Jerusalén. Jesús le dijo: - Créeme, mujer: Se acerca la hora en que no daréis culto al Padre ni en este monte ni en Jerusalén. Vosotros adoráis lo que no conocéis, nosotros adoramos lo que conocemos; la prueba es que la salvación proviene de los judíos; pero se acerca la hora, o, mejor dicho, ha llegado, en que los que dan culto verdadero adorarán al Padre con espíritu y lealtad, pues el Padre busca hombres que lo adoren así. Dios es Espíritu, y los que lo adoran han de dar culto con espíritu y lealtad. Le dice la mujer: - Sé que va a venir un Mesías (es decir, Ungido); cuando venga él, nos lo explicará todo. Le dice Jesús: - Soy yo, el que hablo contigo. En esto llegaron sus discípulos y se quedaron extrañados de que hablase con una mujer, aunque ninguno le preguntó de qué discutía o de qué hablaba con ella. La mujer dejó su cántaro, se marchó al pueblo y le dijo a la gente: - Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será éste tal vez el Mesías? Salieron del pueblo y se dirigieron adonde estaba él. Mientras tanto sus discípulos le insistían: - Maestro, come. Él les dijo: - Yo tengo para comer un alimento que vosotros no conocéis. Los discípulos comentaban: - ¿Le habrá traído alguien de comer? Jesús les dijo: - Para mí es alimento realizar el designio del que me mandó, dando remate a su obra. ¿No soléis decir vosotros: "cuatro meses y llega la siega"? Mirad lo que os digo: Levantad la vista y contemplad los campos: ya están dorados para la siega. El segador cobra salario reuniendo fruto para una vida definitiva; así se alegran los dos, sembrador y segador. Con todo, en esto tiene razón el refrán, que uno siembra y otro siega: yo os he enviado a segar lo que no os ha costado fatiga; otros se han estado fatigando y vosotros os habéis encontrado con el fruto de su fatiga. Del pueblo aquel muchos de los samaritanos le dieron su adhesión por lo que les decía la mujer, que declaraba: «Me ha dicho todo lo que he hecho». Así, cuando llegaron los samaritanos adonde estaba él, le rogaron que se quedara con ellos, y se quedó allí dos días. Muchos más creyeron por lo que dijo él, y decían a la mujer: - Ya no creemos por lo que tú cuentas; nosotros mismos lo hemos estado oyendo y sabemos que éste es realmente el salvador del mundo. 

A GUSTO CON DIOS  

La escena es cautivadora. Cansado del camino, Jesús se sienta junto al manantial de Jacob. Pronto llega una mujer a sacar agua. Pertenece a un pueblo semipagano, despreciado por los judíos. Con toda espontaneidad, Jesús inicia el diálogo con ella. No sabe mirar a nadie con desprecio, sino con ternura grande. «Mujer, dame de beber». La mujer queda sorprendida. ¿Cómo se atreve a entrar en contacto con una samaritana? ¿Cómo se rebaja a hablar con una mujer desconocida? Las palabras de Jesús la sorprenderán todavía más: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, sin duda tú misma me pedirías a mí, y yo te daría agua viva». Son muchas las personas que, a lo largo de estos años, se han ido alejando de Dios sin apenas advertir lo que realmente estaba ocurriendo en su interior. Hoy Dios les resulta un «ser extraño». Todo lo que está relacionado con él les parece vacío y sin sentido: un mundo infantil cada vez más lejano. Los entiendo. Sé lo que pueden sentir. También yo me he ido alejando poco a poco de aquel «Dios de mi infancia» que despertaba, dentro de mí, miedos, desazón y malestar. Probablemente, sin Jesús nunca me hubiera encontrado con un Dios que hoy es para mí un Misterio de bondad: una presencia amistosa y acogedora en quien puedo confiar siempre. Nunca me ha atraído la tarea de verificar mi fe con pruebas científicas: creo que es un error tratar el misterio de Dios como si fuera un objeto de laboratorio. Tampoco los dogmas religiosos me han ayudado a encontrarme con Dios. Sencillamente me he dejado conducir por una confianza en Jesús que ha ido creciendo con los años. No sabría decir exactamente cómo se sostiene hoy mi fe en medio de una crisis religiosa que me sacude también a mí como a todos. Solo diría que Jesús me ha traído a vivir la fe en Dios de manera sencilla desde el fondo de mi ser. Si yo escucho, Dios no se calla. Si yo me abro, él no se encierra. Si yo me confío, él me acoge. Si yo me entrego, él me sostiene. Si yo me hundo, él me levanta. Creo que la experiencia primera y más importante es encontrarnos a gusto con Dios porque lo percibimos como una «presencia salvadora». Cuando una persona sabe lo que es vivir a gusto con Dios, porque, a pesar de nuestra mediocridad, nuestros errores y egoísmos, él nos acoge tal como somos, y nos impulsa a enfrentarnos a la vida con paz, difícilmente abandonará la fe. Muchas personas están hoy abandonando a Dios antes de haberlo conocido. Si conocieran la experiencia de Dios que Jesús contagia, lo buscarían. Si, acogiendo en su vida a Jesús, conocieran el don de Dios, no lo abandonarían. Se sentirían a gusto con él. 

 José Antonio Pagola